miércoles, noviembre 23, 2005

Cambios, muchos cambios...

A estas alturas del año todos comenzamos a hacer un recuento de lo que ha sido de nosotros durante estos últimos casi 365 días, pero en mi caso los cambios que viene no se da por sumas y restas, sino por el destino o yo no se que cosas.

Por un lado hay trasteo en la oficina. Cambio de sede. En resumen más lejos, más madrugar, más plata para buses ya que tendré que tomar 2 rutas de transporte público hasta y desde la nueva oficina. El lado bueno más espacio, menos bulla, ver menos las caras de algunas personas.

Por otro lado trasteo de mi casa. Un poco más de 40 años viviendo mi familia en la casa a la cual muy pronto dejaremos. Quedaran atrás muchísimos recuerdos tristes y buenos. Por mi lado quedan en mi mente recuerdos agradables como mi primera comunión, la fiesta de mis 15 años, los muchos animalitos, que gracias al patio, pude tener; mi familia reunida en navidad y en año nuevo. Igual quedan recuerdos no tan coloridos como la muerte de mi abuelito cuando tenía 5 años, ver a mi abuelita morir en su casa, allí pase mi adolescencia que en muchas ocasiones no fue nada divertida, lágrimas y otras cosas más.

Me siento alegre y ansiosa por estrenar apartamento. (Paso de casa a apartamento, que horror!!!)

viernes, noviembre 18, 2005

El Ruso y la Reina

Esta es una historia de amor tan inconclusa y tan enigmática como sus protagonistas. No se puede iniciar con un “Había una vez…” y tampoco se puede terminar con un “… y fueron felices para siempre”.

- “Hacia mucho tiempo que quería verte. Te he extrañado” Le dice él mirándola fijamente a sus ojos claros. Ella le responde con una tímida y tierna sonrisa.

Él cuidadosamente saca de su brillante armadura el teléfono celular con la excusa de ver la hora, ella con la tranquilidad de un tigre cuando acecha a su presa le pide su número telefónico porque el que tiene anotado está erróneo. Él después de ver la hora y de tiernamente darle uno a uno su número, con sumo cuidado y susurrándole al oído las palabras que él creía perfectas le pide a la Reina que le de su número de celular, para cuando su amor ya no le quepa en el pecho pueda hablar con ella y de esa manera apagar el fuego que siente adentro cuando no la tiene cerca. Pero él no sospecha la dura y violenta respuesta que su dulce amada va a darle.

- “Lo siento pero no puedo…”, le dice ella mirando con tristeza el suelo de su inmenso y rojo carruaje. Él, después de un corto silencio y sin preguntar por qué, le pide una y otra vez que por favor le de su número. En esta dolida y casi eterna suplica él le promete que no va a llamarla seguido, que no va a ser como otros: “intenso”; pero ella dando explicaciones no pedidas solo atina a decirle “No. No puedo, no quiero problemas”
- “Por favor no te preocupes. Yo te llamo” son las palabras que salen de la boca de la Reina
- “Pero… yo quiero ser quien llame. A mi me queda más fácil comunicarme contigo” Él le dice tiernamente
- “Yo lo se. Pero, lo siento, no puedo. Te aseguro que voy a llamarte” Ella le contesta.
- “Por favor no juegues con mis sentimientos”. Le dice el Ruso a su bella adorada con una gran tristeza
- “Sabes bien que mis intenciones no son esas. Mi corazón esta muy herido ahora y …” mientras ella le abre su alma con estas palabras, él la interrumpe diciendo:
- “Yo puedo ayudarte a reconstruir tu corazón. Por favor déjame ayudarte”
- “Te juro que voy a llamarte, es más, mañana viernes al medio día te llamo para que planeemos nuestro encuentro del sábado en la noche”

Y con esta conversación en sus labios transformada en susurros para sus oídos, se bajaron de su inmenso y rojo carruaje no sin antes ella negarse a que su caballero de brillante armadura la acompañara a su lugar de destino.

No se que habrá pasado antes de conocerlos o después de compartir con ellos el viaje de la ruta No. 80 de Transmilenio entre la calle 19 y la 63. Él, un humilde empleado de la construcción (supongo), con bigote y de barba (de esas de 2 o 3 días), bajito, con barriga cervecera, los dientes un poco torcidos y una forma de hablar como si siempre permaneciera ebrio, de pantalón negro y tenis blancos, camisa abierta y una chaqueta blanca, azul y roja. Ella, la auxiliar de una oficina (comúnmente, la de los tintos; eso lo supongo también), de piel blanca y su rostro lleno de pecas, de cabello claro (oxigenado que llaman), vestía un jean, blusa, chaqueta y zapatos negros.

Él, un ruso. Ella, una reina.

Nota: Hay momentos y personas que parece estuvieran en el lugar equivocado que me parecen muy graciosos y esta historia es uno de esos momentos y dos de esas personas.

miércoles, noviembre 16, 2005

Y llegó Navidad

Las luces se están prendiendo poco a poco en las diferentes calles de mi fría y bella Bogotá. Al finalizar el mes de octubre los capitalinos empezamos a ver esas pequeñas bombillitas de colores que se utilizan en esta bella época y es mágico ver como el ambiente se ha ido transformando; no se si es idea mi pero en navidad todo cambia.

Tal vez ya antes lo había dicho pero no tengo problema en repetirlo: Me encanta la navidad, es la mejor época del año y quizás por esa simple razón creo que todo cambia, que la gente cambia (sin tomar en cuenta lo de las compras navideñas que es otro cuento), que las noches cambian, hasta, que los días cambian. Hay algo particular (o por lo menos a mi me parece) y es el olor de todos aquellos artículos con los que decoro mi casa, es el olor de la navidad como lo llama mi mamá. Es un olor que te llena de alegría, un olor que al momento de sacar los adornos trae a ti tantos recuerdos, una que otra tristeza y muchas esperanzas para esa nueva etapa en nuestras vidas que llamamos “año”.

En mi familia solo hay una niña pequeña (3 añitos) y a la que desde bebé le hemos mostrado lo que es la navidad, pero desde ahora le enseñaremos las costumbres que tenemos y que han pasado de generación en generación (y que espero no mueran). Es muy lindo enseñarle a un niño a soñar, a decorar el árbol, a construir el pesebre con todas sus figuritas, a apreciar la belleza de las luces, a dar un abrazo y a decir “te quiero”.

Los más anti-navideños me dirán que es un mes del año como cualquier otro, en el que abundan los tumultos de personas, que es solo una fecha comercial, qué estas fechas no deberían existir y muchísimas cosas más pero lo que me ha enseñado mi familia es algo que no quiero cambiar, el espíritu navideño que ha crecido en mi es mas fuerte que mis soledades o mis múltiples tristezas y por eso a veces quisiera que todo el año fuera navidad.


NOTA: Upssss!!! Creo que me he adelantado un poco.
NOTA: seguramente este no va a ser el único post sobre esta bella época.

jueves, noviembre 10, 2005

La vida no te sonríe cada viernes

Ni cada sábado, ni cada domingo, ni lunes, ni martes, ni miércoles, ni jueves. Ni cada viernes tienes ánimos para sonreírle a la vida, ni a las personas, ni al sol, ni a la luna. Y casi todos mis viernes son de soledad, de tristeza de irme a dormir temprano para olvidar que me siento sola.

Hace algunas semanas que no quiero sonreír. No encuentro el sol en mis días, no siento calor en mi alma. Tal vez estoy esperando algo o alguien que llene los vacíos que yo misma he creado, que elimine mis fantasmas, que me regale flores, que me cante canciones.

Y estoy buscando tantas cosas en tan pocos sitios, en tan pocas personas que me he desilusionado, me he entristecido. Y no entiendo por que busco que alguien se preocupe por mi sí siempre he estado sola; normalmente las cosas tienden a funcionar al revés: yo soy quien me preocupo por los demás; entonces ¿por qué siento la necesidad que se preocupen por mí? Egocentrismo, tal vez.

Escribo mails buscando siquiera un “hola, gracias por tu mensaje”, pero como siempre mi bandeja de entrada esta en ceros. No se que busco, no se que espero y por lo mismo todo me aburre, no encuentro salida. Toda esta situación me hace callar, sentarme en el último rincón, y quedarme en silencio, en oscuridad; ni siquiera llorar puedo; solo siento rabia.

Seguiré esperando que algo pase y brille nuevamente mi sol. Me seguiré estrellando contra el mundo. En silencio, apartada del resto de personas, en oscuridad. Se aproximan algunos cambios espero que de la misma manera yo pueda cambiar…